¡Aviéntate del bungee!

Yuri López Kullins. Galerista mexicana.

“Todo empieza con un leve empujón dado por ti mismo, porque cuando dudas no logras nada”

YLK

Fui muy tímida, a pesar de ello vivir satisfecha en mi mundo de historias inspiradas en lecturas de cualquier revista, folleto o libro que encontraba, no fui de novela rosa, ni de historias de príncipes y princesas, lo mío fue ciencia ficción e historias bizarras, H.G. Wells, Kafka, Allan Dean Foster entre otros llenaron mis horas sin amigos, como a muchos, también pasé por mi etapa de suspenso, de historias de minotauros, de mitología griega y romana así como otras líneas que ya compartiré en el futuro; puede que estas historias sean mi mayor influencia de vida, lo que me inspira hasta la fecha, lo que me lleva a  darme ese pequeño empujón en la espalda para decir con frecuencia ¡aviéntate del bungee!  para buscar otras formas, explorando nuevos caminos, a veces con más riesgo del debido, con mis miedos de siempre pero confiando que hay que hacerlo para no quedar en el estancamiento ni el la zona de confort. 

Por supuesto que no he cambiado,  sigo temblando cada vez que me comprometo con algo nuevo, sigo dudando si lo voy a lograr, sigo llorando en la noche por no encontrar las respuestas, sigo pensando que no se porqué me meto donde no me llaman, pero también sé que eso es parte de mi día a día y que todo siempre, siempre,  se resuelve para bien y me premia con satisfacciones constantes,  tal vez un día haga un alto y decida quedarme en casa podando flores y regando las plantas del jardín, como en algunas ocasiones me he visualizado,  más no ahora, esta segunda vuelta me debe muchas recompensas y voy por ellas,  como dirían los señores, la primera vuelta al kilometraje ya la cumplí, me casé,  tuve dos maravillosos hijos, mis mayores orgullos, que son como hechos a la medida, todo lo que una madre puede pedir, bellos , inteligentes, buenas personas, inquisidores de la vida, nunca conformistas, educados, responsable, etc etc etc, claro como toda madre, qué no diría de ellos, son seres imprescindibles que acompañan mis momentos de felicidad. 

Desde que tuve edad he trabajado, en la secu, en la prepa, en la uni, soltera, casada y más ahora en mi nueva etapa de vuelta a la soltería (término que no aplica porque sí estuve casada, pero sirve para el texto)  por supuesto que he sido autosuficiente desde mi emancipación,no me quejo, por el contrario lo agradezco;  por varias razón mi meta nunca fue casarme, mucho menor tener hijos, trabajé para pasar la vida conmigo misma o  con un hombre que entendiera mi forma de ser, era obvio que mi madre no apoyaba mi idea, hace casi treinta años,  esto no era lo común,  con frecuencia me decía ”voy a morir sin conocer a mis nietos”  y yo pensaba simplemente que no era mi momento;   viajé y disfruté lo más que pude en ese tiempo, tuve actividades que reconfortaban no solo mi economía sino también mi estilo de vida, ciertamente he sido muy afortunada. 

Dicen que los viajes nos cambian, mi primer paseo a Europa no fue la excepción, probablemente sentirme lejos de mi patria, de mi familia, de mis entonces amigos o fue simplemente que la madre naturaleza sabiamente supo que debía derramar en mi un poco de su espíritu creador, el punto es que en medio del viaje deseé ser madre, un hijo, solo uno, pedí entonces frente a las ruinas el Templo de Vesta, un ser con quien compartir las alegrías, ir al parque, alguien a quien llevarle un recuerdo, con quien platicar lo explorado;  al regresar a México, jugué mis cartas para convencer a mi entonces pareja de procrear con el compromiso de resolver la mayor parte de los compromisos derivados del nuevo integrante, aclaro que no fue tarea fácil, el estaba recién divorciado, ya tenía un hijo, no quería comprometerse a más, pero mi decisión acabó por resolver la controversia, aunque aprendí que  el deseo de procrear no era suficiente, mi naturaleza no respondió con la prontitud que yo esperaba, varios meses después había perdido la emoción, hasta aquella tarde en la que el padre de mi hijo, comentó  “tu no eres de vientre prominente, esa pancita puede ser porque estás embarazada”, ¡claro!  ¡por eso dormía tanto a todas hora del día! dijeron que no había que cantar victoria aún, pero yo la canté, el examen indicaba que eran  pocas semanas pero al fin, ¡al fin!  tendría un propósito real de vida. 

Nunca, nunca me ha arrepentido de haberlo decidido, mucho menos de verlo encarnado, porque entonces supe lo que es el amor. 

YLK 

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