Carlos Vidal

Carlos Vidal
No vivo en el pasado es el pasado que vive en mi
Mi obra es una suma de movimientos que me llevan a un momento álgido,
un detonador que me permite distanciarme, el tiempo desaparece y
termina por ser parte de la obra. Soy un emigrante que buscó serlo, esto
me ha permitido construir mi geografía, nacida en el siglo XX. ¿Dónde
quedan los limites? No, nos es posible dar con ellos. Uno trae consigo su
ser, su diferencia, crea su propia singularidad espacial, cultural, sigo
preguntándome después de todos estos años de trabajar acerca del
sentido de este.
Tengo la impresión de que mi obra proviene de un tiempo remoto, de un
espacio particular, ajeno y común y si algo está presente es el elemento
fricción, que espero siempre me acompañe. No quiero oponer un orden a
otro, deseo trabajar en un universo abierto, en un conflicto permanente,
dejando abiertas las puertas a lo que éste demande, obligue, el espacio
nos reclama, nos pregunta.
No me es posible elaborar un discurso sobre mi trabajo, así que hablare
en torno a la pintura, la dificultad que se tiene de explicar, lo que nadie ha
sabido explicar, no hay un solo pintor que sepa verdaderamente porque
pinta. Cuando estoy viendo una pintura que me emociona el cuadro cobra
vida, deja de ser una mera imagen para transformarse en un elemento
vivo que me altera. En un buen cuadro no hay nada que añadir, por parte
de su autor, si el pintor ha hecho su trabajo, el cuadro es la explicación de
algo que sucedió, en la vida o en la mente del pintor, que exigía ser
pintado y que termino dando forma a un cuadro.
Las ideas los motivos no son precisos, se alteran, la realidad adquiere
otras formas, se mezcla a los recuerdos, como escribió Hoffmann, “No hay
nada más extraño y fantástico que la vida real.” He llegado a tener una
veintena de cuadros empezados, en ocasiones me sucede que el cuadro va
armándose, digamos sin interrupciones, y termine con “el agua al cuello”.
No quiero decir que se tenga que sufrir para pintar, más sí pienso mis
mejores cuadros o quizás aquellos que recuerdo, han nacido bajo una
cierta dosis de angustia y algo de desesperación, que me ha obligado a
tomar decisiones que de otro modo no hubiese llevado a cabo.