En esta exposición se reúnen varios artistas que tratan el mundo onírico y el territorio de un modo emocional y experimental. Estableciendo un diálogo entre los diferentes mundos internos de los artistas, se genera la unión de los imaginarios, los territoriales y los abiertos a la interpretación del espectador.
El conjunto de las obras, a pesar de ser un universo individual de cada artista, busca la reinterpretación del espectador formando un vínculo más íntimo, creando su propio cosmos para despertar una sensibilidad a través de las propuestas artísticas.
Para comprender mejor la selección de las piezas, se debe diferenciar dos tipos de mundos: el interno y el externo. El interno como manifestación de su identidad y el externo como una alusión de una huella ancestral articulada con la visión del artista.
La disposición de las obras sumerge al visitante en un recorrido visual que transita por diversas técnicas, desde pinturas más abstractas hasta figurativas, complementadas por esculturas en bronce. En el recorrido, los distintos colores vibrantes se fusionan, entrelazando las creaciones a través de una escala cromática predefinida.
La exposición invita al público a explorar un intercambio de perspectivas visuales entre el mundo interno y externo, propiciando una introspección personal que dialoga con las emociones propias y las del artista.
Texto de: Nerea Armán y Margarita Lucía Moreno





