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La mesa está servida

La mesa está servida

Te hice una pregunta: ¿con qué artista vivo te gustaría cenar? Desde entonces no he dejado de pensar en mi propia respuesta, y debo confesar que la galería no me lo pone fácil. Cuando pasas los días entre lienzos, la lista de invitados se escribe sola, y todos quieren el mejor sitio.

Así que hoy no voy a elegir a uno. Voy a poner la mesa y a presentarte a mis comensales.

Un saxofón en la sobremesa

Jazzamoart no llegaría a la cena: irrumpiría. Su pintura se oye antes de verse. Hay ritmo en el gesto, improvisación en el trazo y una mujer de farándula jazzera y noches de club, la Bebopera, que parece salir del lienzo. Cuando en 1974 se inventó el nombre con el que firma, juntó tres cosas: el jazz, el amor y el arte como forma de vida. Con alguien así, la cena no termina; se convierte en jam session.

Vladimir Cora

A Vladimir Cora lo sentaría donde cae la luz. Su pintura recoge la memoria de un territorio sin quedarse anclada en él: la transforma mediante una investigación constante de la forma y el color hasta alcanzar un lenguaje propio en el que lo figurativo se aproxima a la abstracción. En sus lienzos una figura es más que una figura, un paisaje trasciende su geografía y el color deja de ser un atributo para convertirse en experiencia.

No pinta solo el mundo visible: lo interpreta y lo transforma. Si tuviera que resumir su universo en tres palabras, serían memoria, sensualidad y esencia. Y creo que ahí está su madurez: en haberse despojado de lo accesorio para descubrir la riqueza de lo esencial.

Una mesa para tres

Hay cenas que no se organizan: se heredan. Alberto, José y Miguel Castro Leñero son una dinastía de la pintura mexicana: tres nombres, un mismo apellido y tres maneras de mirar que, cada una por su lado, sostienen una conversación que atraviesa décadas. Sentarlos juntos sería asistir a un diálogo que lleva años en marcha y al que, por una noche, nos dejarían escuchar. Me pregunto cuántas conversaciones sobre pintura caben en una sola sobremesa.

La silla vacía

Y hay un cubierto que pondría igualmente, aunque sepa que nadie lo ocupará. Rafael Cauduro nos dejó en 2022, pero su obra sigue sentada a las mejores mesas: en los muros de la Suprema Corte, donde pintó la justicia con una audacia que nadie ha igualado, y en esas superficies suyas hechas de polvo de ladrillo, metal y materia encontrada. Dejo su silla libre porque hay ausencias que también cenan con nosotros.

Ahora, tu turno

Ya conoces a mis invitados. Me falta oír a los tuyos.

¿A quién sentarías tú? ¿A un vivo o a una silla vacía? ¿A quien te provocó, a quien te calmó, a quien te hizo callar frente a un lienzo? Cuéntamelo en los comentarios, o escríbeme directamente. Y si alguna de estas obras te detuvo el paso, solicita el catálogo en info@yurilopezkullins.com y te lo envío con fichas, precios y envío internacional.

La mesa está servida. Falta tu nombre.

YLK

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